Jueves, 19 Octubre 2017 19:13

Hung (Superdotado) o una curiosa manera de salir de la crisis

Escrito por  Publicado en Hung

Hung fue una serie de apenas tres temporadas y episodios de veinticinco minutos que pasó sin pena ni gloria por España, aunque contó con su pequeña legión de seguidores, yo entre ellos, aunque, ¿cuál de ellas no la tiene?

Podría decirse incluso que la tercera temporada estuvo de más como muchos opinan de la séptima de The walking dead porque no pasó nada de nada, pero sirvió al gran público para conocer a ya una estrella en 'Arrow': Stephen Amell.

El argumento era aparentemente sencillo, pero con un trasfondo social, laboral y económico fundamental. Dos personas con vidas diferentes pero idénticas crisis personales y económicas, Ray Drecker y Tanya Skagle unen sus fuerzas para crear un servicio de prostitución encubierta en la que él es el trabajador del sexo y ella la incompetente proxeneta que no tiene ni idea de reciclarse de correctora de textos en un bufete de abogados a gestora de los clientes de Ray. Una gran novedad: el hombre es el trabajador del sexo. Hasta ahí, casi suena cómico, y en realidad la serie en general es bastante cómica describiendo las miserias de ambos. Y es ahí donde encontramos el valor de la serie: Thomas Jane y Jane Adams funcionan como pareja televisiva.  

Es importante localizar el escenario: la ciudad de Detroit, cuna de las más conocidas fábricas de automóviles de los Estados Unidos, en la época inmediatamente posterior a la crisis económica que convirtió la parte industrial de la ciudad en una inmensa ruina hasta el punto de declarar la ciudad en bancarrota, la mayor en la historia de los Estados Unidos. El barrio industrial de Detroit aparece completamente desmantelado en la serie en numerosas ocasiones y por ello, cientos de miles de personas abandonaron la ciudad de tal forma que, posteriormente, se crearon nuevos barrios mientras el downtown se quedaba como estaba. De ahí parte la serie.

Para muestra, un botón.

También me parece relevante, en esa permanente mezcla de parodia esperpéntica y dramático cuadro de costumbres, resaltar la sintonía de la serie. Para apenas veinticinco minutos de emisión, prolongan mucho la canción que introduce cada capítulo, I´ll be your man de The Black Eyes. Una voz a medio camino entre lo desgarrador y lo inapetente contrasta con el paseo de Thomas Jane por todo Detroit desprendiéndose de su ropa hasta llegar al lago donde termina su propiedad y se lanza al agua desnudo.

Por ello la serie muestra un ambiente de decadencia no muy distinto del de tantos otros países, y una sensación de desconcierto e incertidumbre entre sus habitantes ante un futuro próximo que no se presenta halagüeño. El mismo Thomas Jane, estereotipado personaje donde los haya, es presentado como una antigua estrella universitaria de béisbol obligado a retirarse por su lesión de rodilla pero que obtuvo su titulación universitaria, algo tan habitual en el sistema educativo norteamericano, regalar las licenciaturas universitarias a las estrellas deportivas que consiguen campeonatos que aumentan el coeficiente de dichas universidades a la hora de recibir subvenciones por parte del gobierno federal. Ray Drecker es una leyenda en el instituto de Detroit donde trabaja, pero laboralmente es uno más, y desde el principio de la serie él y sus compañeros acuden cada día a trabajar sin saber si ese será el último. Por su parte, Jane Adams es una poetisa a la que las musas han abandonado por el bloqueo mental que le produce el conocimiento de ser una hija no deseada que no recibe ninguna atención por parte de su madre y a duras penas sobrevive con trabajos aislados.

Hasta que ambos se encuentran en uno de esos seminarios para hacerse rico en el que el único que gana dinero es el que cobra por impartir el seminario e incluso intenta un acercamiento a Tanya. La serie empieza con el incendio de la casa de Ray Drecker, recién divorciado del amor de su vida, una Anne Hache que resulta muy poco creíble cuando debe enfrentarse a escenas de sexo heterosexual, una trama incluso secundaria para tratarse de una serie que gira en torno a la superdotación sexual de un hombre desesperado, y que probablemente, con el propio Stephen Amell, sobreactuado, demasiado joven e inexperto, sean lo peor de la serie y, quizás, solo quizás, Rebecca Creskoff lo mejor de largo. Una actriz de dilatada carrera, pero a quien se podía haber sacado mucho más juego en esta serie, quizás con una cuarta temporada en la que ella dirigiera el negocio e incluso se acercara más a Ray Drecker porque le gusta más de lo que ella quiere reconocer. Sin embargo, esto no es más que una especulación. Pero cuando los guionistas se enteraron a última hora, como en otras tantas ocasiones, que HBO había cancelado la serie, tuvieron que cerrar todas las tramas deprisa y corriendo y en el caso de Creskoff, no de la mejor manera posible.

El negocio no funcionará durante la primera temporada. Ray Drecker está desesperado porque después del incendio la casa de sus padres ha quedado completamente destrozada, está arruinado y con la certeza de que mantiene su puesto de trabajo gracias a ejercer de entrenador de baloncesto, béisbol y otros deportes del instituto y se enfrenta a la intransigencia de su ex mujer a la hora de ayudarle económicamente, también como venganza porque los dos hijos de Ray prefieren estar con su padre ya que no tragan a su padrastro, Eddie Jemison, uno de esos improbables casos en los que el listo e impopular de la clase pero triunfador en la vida profesionalmente hablando consigue llevarse a la reina del baile veinte años después. Dos casos, Hache y Jemison, cuyos papeles serían perfectamente prescindibles. No como el de la madre de Hache, siempre regalando frases imperdibles cuando de relaciones entre hombres y mujeres se trata.

Y cómo no, si se trata de un negocio de prostitución encubierta, hay que hablar de la relevancia de las escenas sexuales en la serie. Personalmente, yo acababa riéndome a carcajadas con algunas de ellas. Como supongo que sucederá en estos casos, el profesional del sexo a veces disfruta de su trabajo y a veces tiene que hacer su trabajo, y la cámara se recrea bastante en el rostro de Thomas Jane cuando está con sus clientas. Desde la antigua soldado israelí que vive en la casa de al lado con su marido hasta su antigua alumna del instituto a quien se ha visto después en Nashville, pasando por la primera clienta que le rechaza después de verle por la mirilla de la puerta de la habitación del hotel donde le ha citado pero tras una desesperada reacción de Ray le desliza un billete de cincuenta por debajo de la pared “por las molestias”. Incluso Creskoff y Jane ruedan varias escenas de sexo juntos, pero eliminando en este caso el componente hilarante. Y también el caso de la clienta embarazada, que provoca un conflicto moral en el propio Ray Drecker ante las continuas llamadas del hombre que la ha dejado embarazada. Hay una buena química entre ambos, y a pesar de que ella le acaba echando de su casa por la continua insistencia de Drecker en que no debería hacer las cosas así, acaban encontrándose nuevo y recordando viejos tiempos. A cambio de un suculento fajo de billetes, por supuesto. Aparece mucha desnudez femenina en la serie, como es lógico. Rebeca Creskoff ofrece lo que tiempo atrás se denominaba como integrales, es decir, desnudos completos, pero es la única que lo hace junto a la vecina de Drecker, probablemente porque fue la única dispuesta a hacerlo y quizás a cambio de un aumento en su salario. Por supuesto, Anne Heche no aparece desnuda en ningún momento ni total ni parcialmente y buena parte de las actrices lo hacen con el sujetador puesto. Pero hay de todo. Aún así, no debemos considerar las escenas sexuales como la razón de ser de la serie. Tan sólo son un complemento del trasfondo: describir el momento de crisis extrema de la ciudad de Detroit y cómo afecta a sus ciudadanos.

A destacar también la presencia de Lennie James en la serie. Por todos conocido también en The walking dead, aquí ejerce de proxeneta de toda la vida, de los que se las saben todas, extrañamente obsesionado en preguntar a Tanya si sus putos, como él les llama, están dispuestos a hacérselo con hombres porque según él ahí está el dinero, y resulta una influencia negativa para Tanya, ya que le lleva a tomar malas decisiones e incluso le roba todo su dinero y huye con su auténtica chica y con sus hijos. Pero gracias a una de las clientas de Ray, una agente de policía sumida en su propia crisis matrimonial que utiliza a Ray para desahogarse no solo sexualmente, localizan al ladrón y llegan a un curioso acuerdo para finalizar una serie no menos curiosa en su conjunto.  

En definitiva, y como un crítico del New York Times escribió en su momento respecto a una actuación de Lola Flores décadas atrás: “No canta bien, no baila bien, pero no se la pierdan”. Veinte minutos de entretenimiento por capítulo. Tampoco pretendían ofrecer mucho más.


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